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lunes, 14 de mayo de 2012

Cantagalo pacificada

Twitter: @javiermayorca

Cantagalo, desde el tope
Claudio Napoleao se pasea con naturalidad por las veredas de la favela Cantagalo, en Rio de Janeiro. Toca las puertas de las viviendas, saluda a las mujeres que están desparramadas en el medio del camino y le da una palmadita en el hombro a un vecino que lo pasa apurado por un lado. "Adios, compadre", le dice. Su liderazgo viene por un afecto que se ha ganado a pulso con años de lucha en favor de la comunidad, antes vista como un lunar de la exclusiva Copacabana.
Esta favela, junto a las vecinas Pavao y Pavaozinho se formó hace más de 40 años, cuando los campesinos que trabajaban en las afueras de la ciudad tomaron las laderas de esos cerros, en la búsqueda de mayor proximidad a la actividad económica citadina. La historia local está pintada en las paredes de algunas casas ubicadas en las veredas inferiores, acompañadas por los versos de poetas populares.
La historia de la favela, en las paredes
Uno podría dejar de mirar hacia abajo, donde se extiende con todo su glamour una de las playas más famosas del mundo, inspiración y escenario de numerosas canciones y películas. Cuando volteas la mirada hacia la parte superior de la escalinata te pones en contacto con una realidad distinta, más parecida a la que se puede ver en los barrios de Petare y Antímano.
En estos lugares, como en Cantagalo, la mayoría de los habitantes son gente humilde que lucha contra la exclusión. Donde obtener agua potable y gas doméstico supone un importante esfuerzo, que involucra desde el niño más pequeño hasta la mamá de cada familia.
Pero en Cantagalo, Pavao y Pavaozinho falta algo que hay de sobra en las barriadas caraqueñas: violencia criminal. En estas favelas no hay que pedir permiso a los hampones para circular. La figura del peaje no existe ya. No hay acechanzas. Las puertas de muchas casas permanecen abiertas. No hay rejas. Uno puede entrar a una bodega y el dependiente no está. Hay que llamarlo a gritos, porque se encuentra quién sabe dónde. Pero a nadie le pasa por la mente llevarse nada sin pagar. La gente se adueñó del espacio público, y el barrio entonces ha cobrado otra dimensión.
Claudio Napoleao en su medio
Luego de caminar por las veredas más intrincadas de Cantagalo, uno queda con la impresión de que las cosas siempre fueron así, relajadas y cordiales. Pero la historia que contó Napoleao mientras recorría el lugar indica algo distinto. Hasta 2008, Cantagalo fue uno de los feudos del Comando Vermelho, una de las tres organizaciones criminales más importantes de Brasil. Una tropa de 80 malandros imponía aquí su propia ley. Los pocos comercios que había operaban con el permiso de los capos locales, debidamente pagados a través del impuesto informal pero siempre efectivo que son las extorsiones. La actividad delictiva irradiaba desde allí y también afectaba a los turistas de Copacabana e Ipanema.
Según Napoleao, hasta hace cuatro años los reyezuelos se erigían en gestores de servicios como la televisión por cable (pirateada) o el sistema de aguas servidas. Ni hablar del tráfico de drogas, acicateado por la demanda de los propios visitantes de las zonas refinadas. Desde luego, esto terminó por traducirse en una elevada frecuencia de delitos violentos. Para 2008 eran reportados once homicidios mensuales en la jurisdicción donde están estas favelas.
Una maqueta del complejo
Cantagalo,Pavao y Pavaozinho
Luego del experimento inicial en Doña Marta, el gobierno de la región (Brasil es una verdadera federación) decidió aplicar en Cantagalo-Pavao y Pavaozinho un plan de reducción de la violencia criminal cuyos resultados están a la vista. Hoy en día, el promedio mensual de homicidios en el circuito de Copacabana es tres. A Napoleao le cuesta precisar la fecha del último caso reportado en la favela, que alberga a 22000 personas.

La “pacificación”. Llegar al tope del cerro Cantagalo puede ser un verdadero reto. La estrecha vía empedrada se hace aún más angosta debido a los vehículos estacionados. Hay que frenar constantemente para dar paso a quienes bajan y aprovechar cualquier resquicio para continuar el ascenso. Cuando llueve la situación se torna aún más difícil, hasta el punto en que la comunidad ha tenido que organizarse mediante un sistema de sirenas. Cuando suenan en medio del chubasco hay que correr hacia alguno de los puntos preestablecidos como refugios, y permanecer allí hasta que se calme la tempestad.
Luego de ascender medio kilómetro termina la carretera. Allí, en medio de edificios construidos para reemplazar a los ranchos, hay una escalinata que conduce a una edificación azul y blanca de cuatro pisos. Es la sede de la Unidad de Policía Pacificadora o UPP.
Las UPP no sólo han servido para llevar seguridad a las favelas más conflictivas del estado de Río de Janeiro. También han permitido una lenta recuperación del prestigio de la Policía Militar, deteriorado por la corupción, las continuas violaciones a los derechos humanos y en fin de cuentas por la ineficacia de sus acciones, relatadas en la novela-denuncia Tropa de Elite (2005), origen del film homónimo.
La PM brasileña: de Tropa de Elite a la proximidad
La Policía Militar es castrense en su estructura, rituales y rutinas.Está definida como una “unidad auxiliar del Ejército”, destinada a desarrollar actividades en el mundo civil. Algo parecido a la Guardia Nacional venezolana, un componente que de hecho surgió del Ejército, durante la presidencia del general en jefe Eleazar López Contreras. En el caso brasileño, los soldados de la PM también complementan el trabajo de los bomberos. Su máximo líder es el gobernador de cada región de ese país. Curiosamente, fue esta y no la Policía Civil la escogida por el mandatario regional para iniciar un programa destinado a “civilizar” las favelas. El comando operativo de todo el programa UPP actualmente es responsabilidad de un coronel, Rogério Seabra Martins, un oficial que formó parte de misiones de pacificación en Centroamérica y que se precia de tener también la carrera de publicista. Su discurso refleja que en la Policía Militar se gesta un cambio de mentalidad.
Van 21 UPP en Río
"Esta guerra nos ha salido muy cara", sostuvo. El mismo Seabra ha sido herido en "batalla" dos veces. En una casi pierde el ojo derecho. Otros compañeros no corrieron con tanta suerte. En 2003, cuando se desarrollaba una auténtica batida contra el crimen organizado, bajo el concepto de “mano dura”, murieron 23 agentes de ese cuerpo en actos de servicio. En 2008 cuando se inició el programa de pacificación hubo once bajas. El año pasado fueron sólo tres.
La conversación con Seabra ocurrió poco después de que encabezara la instalación de la UPP 21, en El Alemao. En este sector como en los 20 precedentes, el posicionamiento de los funcionarios ha seguido un procedimiento que ha ido depurándose con el pasar de los años.
“Nosotros estudiamos la experiencia de Colombia y de otros lados. Buscamos elementos positivos, los reordenamos y tratamos de aplicarlos en términos prácticos. Pero no tenemos un libro único, un manual que nos diga qué hacer”, confesó el capitán Renato Senna, jefe de la UPP en Cantagalo.
Hasta ahora, se ha establecido que el proceso consta de tres grandes etapas. La primera, llamada “análisis estratégico”, se basa principalmente en la recopilación de datos aportados por fuentes humanas. En esta fase determinan quiénes son los principales actores criminales en cada favela, con quiénes se asocian y cuáles son sus principales actividades. También buscan a líderes positivos, dispuestos a buscar mejoras en la comunidad, y se hace un levantamiento de las principales necesidades de cada sector. Esto puede tomar meses.
Luego viene la “planificación táctica”. Se revisa qué armas tiene cada grupo, qué caminos y medios usan sus miembros para entrar o salir, quiénes pueden apoyarlos. Esto permite diseñar un dispositivo que cuenta con apoyo de la Policía Civil del estado y también de las temidas fuerzas especiales de la Policía Miiltar, conocidas con el acrónimo B.O.P.E. La idea, según Seabra, es acumular tal cantidad de fuerza que a los delincuentes les resulte inútil hacer oposición.
´Al lado del bloque (izq.) la estación policial
Finalmente, en la fase operativa, se hace un anuncio a todos los medios de comunicación y luego con altavoces en el teatro de operación. Se muestra cuáles armas serán usadas y el lugar que será intervenido. Esto tiene doble intención. Por una parte, la población civil tomará previsiones y se alejará del lugar para no resultar afectada por la inminente confrontación. Por supuesto, algunos delincuentes también harán lo mismo. Esto facilitará el trabajo de los agentes en cuanto a la recuperación del territorio.
Durante la incursión, se hace una revisión de todos los inmuebles que según la inteligencia previa eran usados por los hampones. Es una auténtica limpieza. Luego de sacar y desarmar a los grupos violentos entra la UPP. Esto marca el inicio de la “estabilización” del barrio. Según Senna, se marca un hito en la relación de sus habitantes con el Estado, a través de un cuerpo policial que pone énfasis en la resolución de los conflictos.
“Gran parte de la población aprueba estas medidas. Cuando sale la fuerza entra la legitimidad”, afirmó el capitán.
La Policía Militar de Rio de Janeiro tiene aproximadamente 45.000 efectivos. De ellos 3126 pertenecen a las UPP. Actualmente, son una minoría vista con cierto desdén por el resto de la fuerza. Pero sus miembros están claros en que el futuro de ellos como profesionales y del programa en general dependen del enganche que logren en cada comunidad. Hay en cada efectivo una actitud de apertura,que les lleva a hablar con la gente sin pensar que pueden ser reprendidos por la superioridad. El soldado Luzio explicó, por ejemplo, cómo fue su proceso de formación durante nueve meses y cómo es que quedó a cargo de la vigilancia de la estación policial, desarmado.
Según cifras oficiales, en Cantagalo-Pavao-Pavaozinho hay 180 efectivos. La tasa de encuadramiento es de 32 uniformados por cada 100.000 habitantes, indicó Seabra. Más del doble de lo correspondiente a los sectores de la ciudad donde no operan las UPP.
El costo de este programa es un secreto bien guardado. Ni Seabra ni Senna quisiseron precisarlo. Pero hay indicadores de lo elevado que es. Las edificaciones donde operan estas unidades son construidas por la alcaldía, que también paga parte de los salarios. Igualmente, las UPP se abrieron a la recepción de aportes privados. Seabra reconoció que un famoso empresario brasileño aporta 20 millones de reales todos los años, a través de la compra de vehículos y el financiamiento de actividades específicas. Este punto es controversial. ¿Significa un paso hacia la privatización de la seguridad ciudadana? Eso está por verse.
De algo sí se puede estar seguro: los policías destacados en esta favela no andan en permanente persecución a los jíbaros o microtraficantes de drogas. Hay en esto un cambio en la concepción del trabajo que desarrollan.
“El fin del narcotráfico no puede ser el objetivo. El crimen siempre existió y existirá. Tenemos que ser muy objetivos en eso. Nuestro policía no va a arrestar a los narcotraficantes. Su deber es garantizar los derechos de los ciudadanos. Puede arrestar a un narcotraficante si lo consigue en la calle. Pero no le metemos en la cabeza al agente que tiene que bucarlo”, explicó Senna.
En palabras del coronel Seabra, el ojo debe colocarse en el uso de armas de fuego y no en el comercio de sicotrópicos.
“El objetivo es rescatar la posibilidad de vida, no afrontar el tráfico de drogas. Tráfico de drogas hay en muchas ciudades del mundo. Pero en ellas no tienen armas de guerra ni un uso criminoso del territorio. Hay que rescatar el territorio para el ciudadano. Nos interesa la preservación de la vida, y para eso aplicamos la policía de proximidad. La policía no existe para detener a la gente sino para liberar a la gente de los bandidos”, añadió.
Con la paz resurge la empresa
Para el oficial, los propios agentes pueden convertirse en actores dentro del círculo vicioso de la violencia. Por eso, están promoviendo la incorporación de armas no letales (tasers) en el equipamiento de los uniformados. También poseen bastón extensible y esposas metálicas en algunos casos. Al mismo tiempo, están eliminando los fusiles de todos los parques de armas.
“Aquí estamos ganando la guerra conversando con la gente, empoderándola. Por supuesto, hay muchos traficantes aquí. Pero ahora la violencia es de otro tipo, relacionada con conflictos de convivencia”, señaló.
Las estadísticas han revelado otro efecto de las UPP. Cuando se produce la ocupación, los antisociales violentos se radican en otros lugares. Los que antes operaban en el sur, ahora lo hacen en favelas del norte de Río, donde saben que todavía no llegará el programa UPP. Seabra argumentó que estas unidades no pueden ser instaladas en forma indiscriminada, sino mediante un proceso de planificación que incluye la formación de nuevos cuadros, ganados al trabajo de proximidad con la gente. Esto permite la instauración de “corredores de seguridad”, que poco a poco irán extendiéndose por toda la urbe.

Adoptados. En la fase de estabilización, los gobiernos local y regional de Rio de Janeiro deben ejecutar importantes inversiones en las favelas. Las quejas de las comunidades son tramitadas a través de los agentes, e igualmente por los líderes comunitarios como Claudio Napoleao.
En el recorrido por Cantagalo se observó la construcción de módulos de ascensores que llevan a los habitantes desde la parte baja del barrio hasta el tope. También múltiples barrenderos, empleados del servicio eléctrico e incluso de la televisión por cable, que ya no es pirateada.
Crianza Esperanza, para los niños
En el tope del barrio, junto a la estación policial, hay una enorme edificación que alberga a la organización Crianza Esperanza. Es un módulo de servicio social donde los niños disponen de biblioteca-sala de internet. Hay también espacios para usos múltiples, estudio de televisión e incluso un comedor donde almuerzan los policías mezclados con los habitantes del barrio.
Con la seguridad ha ocurrido un retorno de la actividad privada. Es posible ver en Cantagalo pequeñas agencias bancarias y oficinas que ofrecen múltiples servicios de oficina. Según Napoleao, los alquileres en la favela han subido durante los últimos tres años, de 1000 reales a 2500 reales.
Convivencia y organización
hasta para las lluvias
Las transformaciones no han ocurrido solamente en el trabajo de la policía. También entre los miembros de la favela.
“Durante mucho tiempo la comunidad no tenía padres. Eramos como huérfanos. Imagínese que por 50 años hemos sido abandonados, y ahora aparece un papá que pone límites y te dice que te va a educar. La pedagogía de la UPP impone reglas a las que no estábamos acostrumbrados”, afirmó.
Son las reglas de la convivencia: no botes la basura en lugares indebidos, no te estaciones mal, no pongas la música a volumen alto, notifica a las autoridades si vas a hacer una fiesta callejera para que no molestes, etc.
¿Hasta cuándo durarán las UPP? Es difícil predecirlo. El año 2014 permitirá saber si este programa logra trascender a la gestión de su principal impulsor, el gobernador Sergio Cabral. Napoleao no cree que las UPP terminen ese año, pero no puede asegurarlo.
“Los cambios de mentalidad a partir de las UPP seguirán adelante”, sentenció.

Notas finales:

*Este trabajo fue posible gracias a la gentil invitación de la Fundación Friedrich Ebert para la VII reunión del Observatorio del Crimen Organizado para América Latina y el Caribe. La última jornada se llevó a cabo en la estación policial que aparece en las fotos. A ellos mi agradecimiento. Los defectos del trabajo, obviamente, son de mi absoluta responsabilidad.

*El recorrido por la favela no estaba en la agenda de la reunión. Fue producto de una iniciativa personal. Comenzó con la compañía de dos representantes, respectivamente de Bolivia y Nicaragua. En una de las calles apareció Claudio Napoleao. El hombre iba de su casa a la sesión del viernes 11 de mayo en la tarde, pero hizo un paréntesis para la caminata que se prolongó por hora y media. Esto le dio otra dimensión a lo que en principio era un ejercicio para bajar el almuerzo. Fue entonces cuando empecé a pensar en lo que finalmente es este texto. Alabo la gentileza del líder comunitario.

*Las fotos que acompañan el reporte fueron tomadas con mi Ipad 2 y un Blackberry Curve. Obviamente, no son de un profesional de la cámara. Muchas de ellas tuvieron que ser editadas rudimentariamente para poder publicarlas aquí. Otras simplemente fueron al cesto.

*Cuando este trabajo ya estaba listo, nos enteramos del inicio de una averiguación por parte del Ministerio Público relacionada con denuncias sobre supuestas violaciones a los derechos humanos en estas favelas, atribuidas a agentes de la UPP. Organizaciones civiles han documentado el caso de una ejecución extrajudicial del 12 de junio de 2011. Las denuncias, por supuesto, deben ser investigadas y los correctivos tomados para impedir que estos hechos se repitan y que desvirtúen un programa bien encaminado.